Contempla majestuoso
los rupestres riscos,
clavando su pupila
en animal rastrero,
que se escapa a toda prisa,
por montaraz sendero.
El cóndor, silencioso,
ha perdido su presa,
dirigiendo va su vuelo
hacia el riachuelo,
en donde baño yo mi cuerpo
con ramas de romero.

Voy siguiendo su vuelo
con mi fugaz mirada,
tratando de esconderme
en piedras verrugosas,
impregnando mis pisadas
de líquenes verdosos
adheridos a las piedras…

igual que tu recuerdo se adhiere,
a la profundidad de mi alma.

Yo lo miro desde lejos
tratando de distraerlo,
sus ojos penetrantes
logran divisarme…

¡Atónita me quedo!
no escucho el cantar del río
cuando sus aguas corren,
y sacude mi ser un escalofrío
al pensar que hay peligro.

El cóndor de los Andes
ha logrado inquietarme…
con su penacho blanco
y su majestuoso vuelo…
vuelo, que en la comarca
causa un gran revuelo,
sobre todo…a los polluelos
y a todos aquellos…
los que con su mirada abarca.