Todavía recuerdo que día tan especial fue cuando El Astro y yo, no encontramos
con esta familia de Huemules.

Ese día llovía y decidimos ir al bosque en busca de algunas lindas tomas y mi amigo
en un momento me dijo : hoy vamos a ver un huemul… No recuerdo si fueron
exactamente esas palabras, pero eso fue lo que quiso decirme y yo, sin responder
nada me quede pensando feliz de que eso sucediera.

A medida que nos íbamos fundiendo en los bosques de lenga, parecía que toda el
habitad que había allí nos saludaba. Los pájaros se nos acercaban, salió un brillante
sol que iluminaba cada gota de agua y en el aire se respiraba que algo iba a
suceder.

Finalmente después de un rato caminando y sacando fotos el Astro me dice: mira,
tres huemules.

Fue en ese instante que comenzamos a acercarnos suavemente a ellos y ellos a
nosotros. No nos tenían miedo, nos miraban y comían, luego nos volvían a mirar y
seguían haciendo sus cosas.

Que mágicos son esos animales! Lo que me provoco nuestro encuentro fue mucha
paz, asombro de ver a este mítico animal justo enfrente nuestro sin que huyeran y
la bondad que te transmitían era algo muy tierno, como de cuento.

Luego llegaron unos caballos y todo termino. Los huemules volvieron por el
camino que iban, los caballos se quedaron allí y nosotros, muy felices de nuestro
encuentro sagrado volvimos al pueblo.